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Después de un trasplante, resulta indispensable realizar un seguimiento. Será necesario seguir un tratamiento antirechazo de por vida. El paciente deberá llevar, además, un estilo de vida saludable y equilibrado.

Todos los años se salvan vidas y se mejora la calidad de vida de los pacientes gracias a los trasplantes. En general, podemos afirmar que el 80 % de los injertos u órganos trasplantados siguen siendo totalmente funcionales cinco años después de la operación. El trasplante representa, por lo tanto, una importante fuente de esperanza para los enfermos que padecen insuficiencia grave de un órgano concreto o una enfermedad crónica.

Sin embargo, tras el trasplante pueden surgir complicaciones, por lo que un seguimiento médico regular resulta indispensable.

El trasplante es una intervención quirúrgica de alta complejidad. Debido a las múltiples complicaciones posibles después de la operación, se recomienda encarecidamente que el paciente receptor del trasplante se someta a un seguimiento médico regular y lleve unos hábitos de vida saludables.

RIESGOS DEL PACIENTE SOMETIDO A TRASPLANTE

Los riesgos son múltiples:

- Tras el trasplante, el organismo receptor identificará el nuevo órgano como un cuerpo extraño y, por lo tanto, tratará de combatirlo: esta es la base del rechazo. Para mitigar el grave riesgo que comporta el rechazo, el médico prescribirá al paciente trasplantado medicamentos inmunodepresores (medicamentos antirechazo). La condición principal del tratamiento inmunodepresor tras un trasplante es que debe tomarse toda la vida.

- El tratamiento a seguir tras un trasplante conlleva una reducción de la resistencia inmunitaria del paciente (inmunodepresión) a fin de que acepte mejor el nuevo órgano. El sistema inmunitario queda debilitado y es más susceptible a infecciones secundarias.

- La segunda causa de muerte en los pacientes trasplantados es el desarrollo de un cáncer asociado al tratamiento inmunodepresor, por lo que debe ser objeto de una intensa vigilancia. En efecto, los inmunodepresores debilitan la respuesta inmunitaria para evitar el rechazo del órgano trasplantado por el organismo; la consecuencia directa es el debilitamiento del sistema inmunitario y un aumento del riesgo de infección vírica y susceptibilidad al cáncer.
En los pacientes con trasplante cardíaco, aumenta el riesgo de infarto de miocardio debido a la obstrucción de las arterias coronarias.

- Desarrollo de la «enfermedad injerto contra huésped». Esta enfermedad consiste en que el órgano trasplantado (órgano del donante) ataca al organismo receptor (el enfermo). La «enfermedad injerto contra huésped» puede afectar al hígado, el tubo digestivo o incluso la piel.

También existen riesgos previos al trasplante, en relación tanto con el donante como con el receptor. Estos riesgos pueden surgir en el momento de obtener el órgano del donante, durante su conservación o incluso a lo largo de la operación de trasplante.

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