Tratamiento de la artritis reumatoide

El tratamiento farmacológico tiene dos objetivos principales que son calmar el dolor y detener la evolución de la enfermedad para evitar la discapacidad.
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Siendo el fuerte dolor que sufre el paciente su principal manifestación, el tratamiento de la AR conllevará un carácter pluridisciplinar.

Existen diferentes tipos de tratamiento para esta enfermedad.

- El tratamiento sintomático del dolor, que incluye, además del reposo, la prescripción de medicamentos para el dolor: analgésicos, antinflamatorios no esteroides (AINE) e incluso corticosteroides (antinflamatorios esteroides). Además del tratamiento farmacológico, en algunos casos también es necesario el uso de órtesis así como las sesiones de ergoterapia y de rehabilitación.

- El tratamiento de fondo de la enfermedad, que tiene por objeto limitar los brotes tanto en intensidad como en frecuencia.

La elección y la adaptación de estos tratamientos debe hacerlas el reumatólogo sobre la base de:

- la estimación de la gravedad potencial de la enfermedad;
- la relación beneficio/riesgo teniendo en cuenta la progresión de la enfermedad;
- la velocidad de acción de las moléculas encargadas de modificar la inflamación (ex: metotrexato, leflunomida…);
- la constatación de un efecto sobre la reducción de la progresión de los signos radiológicos;
- la eventual existencia de comorbilidades asociadas.

Finalmente, cabe señalar que estos tratamientos solo son eficaces si se siguen regularmente y durante periodos prolongados de tiempo (varios meses). A día de hoy, no es posible curar totalmente la enfermedad pero se puede evitar o retrasar su progresión y reducir el dolor.

CONTROL DE LA ARTRITIS REUMATOIDE

El control y la evolución de la artritis reumatoide se evalúan principalmente mediante el cálculo del DAS28 (Disease Activity Score, una puntuación que tiene en cuenta 28 articulaciones). Este cálculo se establece en función del número de articulaciones dolorosas, el número de articulaciones tumefactas, la velocidad de sedimentación globular y la apreciación global de la enfermedad por el propio paciente (sobre una escala de 0 a 100).

El resultado de este cálculo permite definir la actividad de la enfermedad:
- inferior a 2,6: enfermedad en remisión;
- entre 2,6 y 3,2: enfermedad en actividad débil;
- entre 3,3 y 5,1: enfermedad en actividad moderada;
- superior a 5,1: enfermedad muy activa.

Este resultado lo calcula el reumatólogo de forma regular, pero es cada vez más frecuente que el mismo paciente mida este indicador para mejorar sus propios cuidados y el seguimiento de la actividad de su enfermedad.

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