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Cuando el tratamiento modifica el comportamiento: un efecto poco conocido de la enfermedad de Parkinson

Publicado el 11 abr. 2026 • Por Candice Salomé

Recibir un diagnóstico de la enfermedad de Parkinson suele implicar adaptarse a síntomas motores visibles, como los temblores o la rigidez. Sin embargo, algunos efectos secundarios del tratamiento siguen siendo poco conocidos… y, en ocasiones, difíciles de reconocer.

Entre ellos, los trastornos del control de los impulsos pueden alterar la vida cotidiana. El juego excesivo, las compras compulsivas, la alimentación descontrolada o los comportamientos sexuales inusuales: estos cambios pueden sorprender, e incluso desestabilizar profundamente a los pacientes y a sus familiares.

Durante mucho tiempo considerados tabú, estos trastornos se identifican hoy en día con mayor claridad. Comprenderlos permite eliminar la culpa y abrir el diálogo.

Cuando el tratamiento modifica el comportamiento: un efecto poco conocido de la enfermedad de Parkinson

¿Qué son los trastornos del control de los impulsos?

Comportamientos que escapan al control

Los trastornos del control de los impulsos (TCI) se refieren a la dificultad para resistirse a un impulso o a un comportamiento, incluso cuando se percibe como excesivo o inapropiado.

En el contexto de la enfermedad de Parkinson, pueden manifestarse mediante comportamientos nuevos o intensificados, sin relación con la personalidad anterior. Esto puede incluir el juego compulsivo, las compras excesivas e impulsivas, la hipersexualidad o incluso episodios de alimentación descontrolada.

Lo que caracteriza a estos trastornos no es solo el comportamiento en sí mismo, sino la pérdida de control y la repetición, a menudo acompañadas de una sensación de tensión antes del acto y de alivio temporal después.

Un fenómeno más frecuente de lo que se cree

Los estudios estiman que entre el 10 % y el 20 % de los pacientes con la enfermedad de Parkinson tratados con determinados medicamentos desarrollan un trastorno del control de los impulsos. Esta cifra puede variar según los perfiles y los tratamientos.

El papel de los agonistas dopaminérgicos: cuando la dopamina estimula en exceso el circuito de la recompensa

Comprender el funcionamiento de la dopamina

La enfermedad de Parkinson está relacionada con una disminución de la dopamina, un neurotransmisor implicado en el movimiento, pero también en el sistema de recompensa del cerebro.

Para compensar esta carencia, algunos tratamientos, llamados agonistas dopaminérgicos, estimulan directamente los receptores de dopamina. Su objetivo es mejorar los síntomas motores, pero también actúan sobre los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la motivación.

Un efecto secundario relacionado con el cerebro de la recompensa

Los agonistas dopaminérgicos pueden sobreestimular ciertas zonas del cerebro, especialmente las implicadas en la toma de decisiones y la búsqueda de recompensas.

Este desequilibrio puede provocar una mayor sensibilidad a los comportamientos gratificantes, hasta el punto de dificultar su control. El cerebro "aprende" a buscar estas sensaciones, a veces de forma compulsiva.

No todos los pacientes se ven afectados, pero ciertos factores parecen aumentar el riesgo, como una edad más temprana en el momento del diagnóstico o antecedentes de comportamientos impulsivos.

¿Qué repercusiones tiene en la vida cotidiana?

Un impacto a veces considerable

Los trastornos del control de los impulsos no son insignificantes. Pueden tener consecuencias importantes en la vida social, familiar y económica.

Algunos pacientes describen la sensación de no reconocerse a sí mismos. Los familiares también pueden sentirse desestabilizados ante estos cambios repentinos de comportamiento.

Es frecuente el sentimiento de vergüenza o culpa, lo que puede retrasar el hecho de hablar del tema y la identificación del problema.

Un tema que sigue siendo difícil de abordar

Hablar de estos trastornos no siempre es fácil, sobre todo cuando afectan a aspectos íntimos como la sexualidad o el dinero.

Sin embargo, forman parte de los efectos secundarios conocidos de ciertos tratamientos. Hablar de ellos con los profesionales sanitarios suele permitir comprenderlos mejor y plantearse ajustes si es necesario.

Reconocer los signos: un aspecto clave para los pacientes y sus familiares

Señales que a veces pasan desapercibidas al principio

Los trastornos del control de los impulsos suelen aparecer de forma gradual. Pueden comenzar con comportamientos aparentemente inofensivos, como pasar más tiempo jugando en línea o realizar compras con mayor frecuencia.

Con el tiempo, estos comportamientos pueden volverse invasivos, hasta el punto de afectar a la vida cotidiana.

El papel esencial del entorno

Los familiares suelen desempeñar un papel clave en la identificación de estos trastornos. Pueden notar cambios que el propio paciente no percibe de inmediato.

Una comunicación abierta y sin juicios es esencial para abordar estas situaciones con empatía.

Comprender mejor para convivir mejor con ello

Superar la culpa

Uno de los principales retos es comprender que estos comportamientos no se deben a una falta de voluntad, sino a un posible efecto secundario del tratamiento.

Esta toma de conciencia suele permitir reducir el sentimiento de culpa y allanar el camino hacia un acompañamiento adecuado.

Un acompañamiento posible

Cuando se identifican estos trastornos, los profesionales sanitarios pueden plantearse diferentes enfoques, en particular una adaptación del tratamiento o un acompañamiento psicológico.

Lo esencial es no quedarse solo ante estos cambios y poder hablar de ellos.

Preguntas frecuentes: Trastornos del control de los impulsos y la enfermedad de Parkinson

¿Cuáles son los síntomas de los trastornos del control de los impulsos en la enfermedad de Parkinson?

Incluyen comportamientos repetitivos y difíciles de controlar, como el juego excesivo, las compras compulsivas, la hipersexualidad o la alimentación excesiva.

¿Los agonistas dopaminérgicos siempre provocan estos trastornos?

No, no todos los pacientes se ven afectados. El riesgo varía según las personas y los tratamientos.

¿Se pueden prevenir los trastornos del control de los impulsos?

No existe una prevención sistemática, pero una información temprana y una vigilancia atenta permiten detectarlos más rápidamente.

¿Son reversibles estos trastornos?

En muchos casos, pueden disminuir o desaparecer tras un ajuste del tratamiento, bajo supervisión médica.

¿Hay que hablar de ello con el médico?

Sí, es importante comentar cualquier cambio de comportamiento con un profesional sanitario, sin temor a ser juzgado.

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avatar Candice Salomé

Autor: Candice Salomé, Redactora de Salud

Candice es creadora de contenidos en Carenity y se especializa en la redacción de artículos de salud. Le interesan especialmente los campos de la psicología, el bienestar y el deporte. 

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