"Paciencia. Nada dura para siempre": Frédéric, artista y poeta, cuenta su renacimiento con la esquizofrenia
Publicado el 9 feb. 2026 • Por Candice Salomé
Frédéric vivió lo invisible, atravesó voces, crisis, vagabundeó, para construir poco a poco un camino hacia la paz interior. Diagnosticado con esquizofrenia a principios de la década de 2000, podría haberse hundido. Pero ocurrió todo lo contrario. Impulsado por el arte, la filosofía, el budismo, pero también por el amor y la esperanza, Frédéric se reconstruyó paso a paso, hasta abrir su propia tienda de artesanía y publicar un manuscrito poético.
A través de su testimonio, nos ofrece una visión lúcida y luminosa de la enfermedad mental, la recuperación y el poder de los recursos internos.
Hola, Frédéric, te gradecemos enormemente que aceptaras dar tu testimonio para Carenity.
¿Podrías contarnos un poco sobre ti, sobre quién eres hoy en día, en tu vida personal, profesional o creativa?
Llevo un año casado. Ahora vivo en el campo, después de pasar mucho tiempo en la ciudad. Profesionalmente, he abierto una tienda de regalos personalizados grabados con láser. Trabajo con cuero, madera, metal, vidrio e incluso hojas de árboles. El lugar se llama Bela Tinta. En el plano creativo, nunca paro: escribo, dibujo, grabo... La escritura es mi medio principal, pero también creo que la emoción puede transmitirse a través del dibujo, ya sea con tiza, pastel graso o digital. Me inspira mucho Nietzsche: creo profundamente que las artes, la poesía y la cultura alimentan el alma y permiten superar los dolores del mundo.
¿Cuándo aparecieron los primeros síntomas de tu enfermedad y cómo los viviste en ese momento?
Los primeros síntomas aparecieron entre 2001 y 2002. Acababa de regresar de un año sabático después del bachillerato, que pasé entre Londres y Cardiff, de fiesta. Esos excesos sin duda abrieron la puerta a la enfermedad. A mi regreso a casa, perdí poco a poco todo vínculo social. Entonces comenzaron las voces: primero una sola, luego decenas, cientos. Algunas eran hostiles, otras protectoras. Viví un año entero sin diagnóstico, vagando mental y socialmente, en busca de un poco de silencio en mi cabeza.
¿Cómo fue el diagnóstico? ¿Te acompañaron en esta etapa?
Fue la jefa de mi madre quien le aconsejó que me llevara a un psiquiatra. Al principio, los médicos pensaron que se trataba de una crisis melancólica, pero luego me diagnosticaron esquizofrenia distímica. Me atendieron en el hospital, donde me preguntaron: "¿Oyes voces?". Respondí: "Sí, como todo el mundo...". Ahí fue donde realmente empezó todo. Me pusieron bajo tutela financiera y me inscribieron en la MDPH (Casa Departamental de Personas con Discapacidad). A continuación, me realizaron varias pruebas para adaptar el tratamiento.
Has sufrido varios episodios de crisis y hospitalizaciones: ¿cómo superaste esos momentos difíciles?
Con esperanza y perseverancia. Mi mantra era: "Paciencia, nada dura para siempre". Aunque los síntomas (voz, hebefrenia, paranoia, alucinaciones, fatiga nerviosa, robo de pensamientos) estaban presentes, siempre seguí mis tratamientos después de una crisis psíquica. Lo que más temía era quedarme atrapado en un delirio agudo. Pero, día tras día, volvía la calma. Comparaba cada día con el anterior para medir los signos de mejora.
¿Qué te ayudó a estabilizarte y a recuperar el equilibrio a lo largo de los años?
La espiritualidad. Me volví hacia el budismo del Gran Vehículo. La idea de que todos tenemos una parte inviolable de sabiduría y bondad me ayuda a seguir adelante. Me ha permitido reconstruir nuevos hábitos, transformar mi relación con el mundo, con mis emociones, con mis actos. Pero, se sea budista o no, el camino es largo y a veces difícil. Cada uno, a su nivel, sufre, y lo importante, creo, es ser útil, a uno mismo y al mayor número de personas posible, ya sea con pensamientos, gestos o palabras. Y, sobre todo, he tenido la suerte de encontrarme con personas bondadosas, verdaderos puentes humanos, que me han guiado en la oscuridad.
¿Qué papel desempeñaron tus seres queridos u otras personas que te apoyaron en tu proceso de recuperación?
Mi familia estuvo muy presente en 2001 y se mostró muy valiente. Aunque hoy en día los lazos se han debilitado un poco, les debo mucho. La esquizofrenia te destroza por dentro. Te obliga a reconstruir los lazos de otra manera. Mi marido, a quien conocí hace 15 años, me ha apoyado, calmado y acompañado enormemente. Amigos, desconocidos también, con palabras, gestos, a veces fugaces... todo eso permanece.
En un momento dado, retomaste tus estudios y te orientaste hacia la escritura: ¿cómo transformó eso tu relación contigo mismo y con la enfermedad?
La escritura me ha permitido pensar de otra manera. Superar los síntomas, estructurar lo que estaba fragmentado. El lenguaje se convierte en una herramienta de paz interior. Escribir es revelarse, sin duda, pero también es crear un diálogo, compartir un dolor indescriptible. Retomé los estudios a los 30 años: obtuve una licenciatura en Letras y un máster en Filosofía.
Recientemente has abierto una tienda de artesanía: ¿qué significa este proyecto para ti?
Este proyecto es a la vez profesional, artístico y terapéutico. Con Bela Tinta, puedo crear, grabar y diseñar a mi ritmo. Me ha permitido afianzarme en una rutina diaria estable y construir una actividad que tiene sentido. La tienda cumple un año este verano y es un bonito reto que quiero que dure.
También estás comprometido con un camino espiritual: ¿cómo te ayuda el budismo a vivir con la esquizofrenia?
El budismo me enseña a asumir la responsabilidad de mis actos, ya sean físicos, verbales o mentales. Me ayuda a orientar mi mente hacia la benevolencia, a reflexionar sobre las causas de mi sufrimiento y sobre los medios para remediarlo. Es un método exigente, pero salvador. Me ha enseñado a creer que mi mente, aunque esté debilitada, puede ser guiada, iluminada y apaciguada.
Has escrito un manuscrito que se publicará próximamente. ¿Qué has querido transmitir con esta historia?
Mi libro, Si el mar muere, se publicará en octubre de 2025. Espero que sea útil, útil para aquellas personas que sufren trastornos psíquicos. Quiero decir que sí, que se puede tener una vida plena, incluso con un diagnóstico grave. He querido escribir un texto poético, porque la poesía toca lo íntimo, lo universal, lo que no se suele decir. Creo que es una forma literaria que abre los corazones.
Por último, ¿qué le aconsejarías a una persona que tiene dificultades para estabilizar su patología, la esquizofrenia?
Que nunca pierda la esperanza. Que espere a que sople la brisa, incluso en los infiernos mentales. Que se rodee de buenas personas. Que rechace las pasiones negativas (ira, celos, orgullo...). Y, sobre todo, que recuerde que nada dura para siempre, ni siquiera el sufrimiento. Hay que perseverar, buscar sin descanso algo mejor y creer que siempre es posible avanzar hacia una vida menos dolorosa. Así es como se hacen germinar las semillas mentales positivas, que darán sus frutos a su debido tiempo.
¿Una última palabra?
Paciencia. Nada dura para siempre. Y, sobre todo, creer que la enfermedad no es una fatalidad. Con un buen tratamiento, un entorno sólido y una voluntad real, todo es posible.
¡Muchas gracias a Frédéric por su testimonio!
¿Te ha resultado útil este testimonio? ¡Haz clic en "Me gusta" y comparte tus opiniones y preguntas con la comunidad en los comentarios a continuación!
¡Cuídate mucho!
Comentarios
También te gustará
Lucha contra los síntomas de la esquizofrenia: un largo viaje contra la paranoia y la negación
4 mar. 2019 • 6 comentarios
La esquizofrenia contada por un paciente: del diagnóstico erróneo a la organización y la creatividad
18 ene. 2019 • 4 comentarios