Diagnóstico de la espondilitis anquilosante

No existe una prueba sencilla para diagnosticar la espondilitis anquilosante.

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En las fases iniciales de la enfermedad, el diagnóstico de la espondilitis anquilosante resulta especialmente difícil. La sintomatología es poco específica y la enfermedad es cíclica. Esto repercute en el diagnóstico de la espondilitis anquilosante, que suele ser tardío.

El diagnóstico se basa principalmente en la exploración clínica del paciente: el médico comprobará si hay afectación a nivel de las articulaciones y de determinados órganos. El médico deberá sospechar de espondilitis anquilosante ante un paciente joven que refiera dolores nocturnos en la columna vertebral (lumbalgia). Estos dolores son muy característicos al estar muy localizados en la zona de la pelvis y los glúteos.

La desaparición del dolor con la administración de un antinflamatorio es favorable al diagnóstico de espondilitis anquilosante, aunque no es un criterio suficiente, y la persistencia del dolor no permite descartar el diagnóstico.

Para establecer el diagnóstico de espondilitis anquilosante se dispone, por un lado, del diagnóstico por la imagen y, por otro, de los bioanálisis:

- velocidad de sedimentación globular (VSG);

- niveles de proteína C reactiva (PCR);

- indagar la presencia de anticuerpos asociados a las enfermedades autoinmunitarias (para evitar la confusión con una artritis reumatoide, por ejemplo).

Si estas pruebas no fueran concluyentes, se pueden realizar pruebas más específicas:

- indagar la presencia del gen HLA-B27 (una proteína del sistema inmunitario);

- resonancia magnética (RM) y/o pruebas radiológicas.

La RM permite un diagnóstico más precoz, pero la disponibilidad limitada de estos aparatos impide su utilización de forma generalizada. Sin embargo, resulta muy ventajosa en el caso de pacientes jóvenes, así como de mujeres embarazadas, puesto que no irradia al paciente.

DIAGNÓSTICO PRECOZ DIFÍCIL

En las fases iniciales de la enfermedad, el diagnóstico de la espondilitis anquilosante resulta especialmente difícil. La sintomatología es poco específica y la enfermedad es cíclica. Esto repercute en el diagnóstico de la espondilitis anquilosante, que suele ser tardío.

Por este motivo, mediante el diagnóstico diferencial se descartan otras posibles patologías, tales como las artritis de origen infeccioso, hiperparatiroidismo, ocronosis, osteocondrosis, hiperostosis anquilosante vertebral, discartrosis, artritis reumatoide, etc.

Por lo tanto, en relación con el diagnóstico de la espondilitis anquilosante, es primordial detectar la presencia de la enfermedad en sus estadios iniciales, teniendo presente que la sintomatología no resulta particularmente útil y tampoco es fiable de forma sistemática.

Cuando la enfermedad se encuentra en una fase más avanzada, el diagnóstico resulta más sencillo. En efecto, se observa un patrón de dolor característico y una postura típica inducida por la enfermedad. Pruebas complementarias, como determinados análisis de laboratorio, pueden revelar la presencia del antígeno HLA B27 y alteraciones de parámetros biológicos como la velocidad de sedimentación y la proteína C reactiva, asociada a otros parámetros.

A partir del momento en que se declara la espondilitis anquilosante, los daños en las estructuras anatómicas son irreversibles y la invalidez provocada no es totalmente recuperable.

Artículo elaborado bajo la supervisión del Profesor Pierre Bourgeois, Profesor de Reumatología de la Universidad Pierre et Marie Curie de París, exjefe de Servicio de Reumatología del Hospital Universitario de la Pitié-Salpêtrière de París, exvicepresidente de la Sociedad Francesa de Reumatología.

Fuente: Sociedad Francesa de Reumatología (SFR)

PARA MÁS INFORMACIÓN: http://www.espondilitis.eu/espondilitis_diagnostico_tratamiento.html

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