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Pacientes Enfermedad hepática grasa no alcohólica

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Miembro Carenity • Animadora de la comunidad
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La comida puede alimentarnos y envenenar nuestro hígado. Por lo tanto, es esencial tener una dieta saludable para prevenir cualquier inflamación.

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Si es posible, elegiremos una dieta basada en productos orgánicos, sin aditivos (como colorantes, potenciadores del sabor ...) y lo más natural posible. También es útil saber que el hígado se regenera en las primeras horas del día: son mejor las cenas ligeras o comer muy temprano en la noche, para evitar que la digestión dure toda la noche.

Dietas bajas en calorías y dieta mediterránea

La base de la dieta repose en una alimentación equilibrada baja en calorías e hipolípidos con un carácter hipoglucídico acentuado en caso de diabetes. Los alimentos con un alto índice glucémico (azúcar, cereales refinados, pan, arroz, patatas) deben limitarse en favor de los cereales integrales, verduras y frutas. Esta dieta reduce la secreción de insulina posprandial, la síntesis y el almacenamiento de lípidos intrahepáticos.

La dieta mediterránea asocia tradicionalmente frutas, legumbres, nueces, habas, cereales y aceite de oliva con un consumo moderado de productos lácteos (queso o yogurt), pescado y un poco de carne.

La mayor parte de los regímenes desequilibrados en proteínas, grasas o carbohidratos son, a medio y a largo plazo, condenados al fracaso. No se recomienda el abuso de refrescos que contienen glucosa.

El Programa Nacional de Nutrición y Salud (PNNS) propone, entre otros, los siguientes puntos de referencia:

  • -Frutas y legumbres al menos 5 veces por día.
  • -Limitar el consumo de sal (presente en gran cantidad de platos preparados).

En los casos difíciles (EHNA, cirrosis, cáncer)

En caso de náuseas o vómitos

Para evitarlos o reducirlos es aconsejable comer sin forzarse, en el momento de hambre. Los alimentos secos, fríos y poco condimentados son más fáciles a tragar que los alimentos fritos, condimentados y calientes.

Puede crearse una una pequeña reserva de bebidas nutritivas (suplementos de alto contenido proteico) que se utilizará en caso de náuseas o de pérdida de apetito (informarse de las mismas con su médico). Los alimentos que provocan las náuseas (sabor, olor) han de ser identificados y evitados, o preparados de forma diferente.

En caso de diarreas

Los platanos, el arroz, el puré de zanahoria, y el agua de cocción del arroz pueden ayudar a regular las diarreas, así como los probióticos, los organismos vivos que se encuentran en los yogures y en las leches fermentadas o en cápsulas de tipo ultra levadura. Algunos estudios tienden a mostrar interés en la cirrosis (consulte con su hepatólogo).

En caso de pérdida de apetito

La reducción de la ingesta de alimentos puede conducir a desnutrición, deficiencia de vitaminas (B, E, A) y/o proteínas, lo que resulta en debilidad muscular, fatiga crónica y un deterioro en la calidad de vida.

Para superar la disminución del apetito, una de las soluciones es consumir porciones más pequeñas y más frecuentes (dividir la ingesta en 6 comidas pequeñas en lugar de 3 comidas grandes, incluido un "snack" por la noche para evitar una larga noche en ayunas), variar los sabores (amargo, agrio, salado, dulce) para despertar el apetito. Hacer ejercicio antes de las comidas, un pequeño paseo, por ejemplo, puede despertar el apetito.

En caso de sabor alterado

Si la carne tiene un sabor amargo, pollo, pescado, lentejas, tofu (soya) pueden reemplazarla, así como también el queso, los yogures o los huevos. La carne, el pollo, el pescado y los huevos se pueden comer fríos (un patel con huevo y atún o tofu). Los batidos de proteínas pueden ser una ayuda en días "insípidos" o "de mal gusto".

En caso de fatiga

Si la fatiga es constante, el médico debe controlar el estado de la vitamina (A, B, C, D, E) y la proteína porque las deficiencias son frecuentes. Para las vitaminas, cultive semillas germinadas, llenas de proteínas y vitaminas. Si la moral es baja, es aconsejable ir a ver a un psicólogo para identificar una depresión o no dejar que se asiente porque es una causa adicional de pérdida de apetito y, por lo tanto, de malnutrición. Hacer un poco de ejercicio comenzando lentamente (caminar, nadar, andar en bicicleta) puede revitalizar mejorando lla calidad del sueño.

En caso de sobrepeso y/o de esteatosis

Si se tiene sobrepeso y/o esteatosis (grasa en el hígado), el hepatólogo aconsejará bajar de peso para reducir la esteatosis, ya que esta acelera la la tasa de progresión de la fibrosis y duplica el riesgo de cáncer de hígado... La pérdida de peso, relacionada con una dieta saludable (dieta de Creta) y la práctica de actividad física (al menos 3 horas de ejercicio por semana) conduce a una mejora en el estado del hígado, una disminución en la esteatosis y un descenso en la grasa visceral.

Fuente: Ensemble contre la NASH

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