Enfermedad del hígado graso no alcohólico y EHNA: saber más

Cuando una cantidad de grasa no asociada con el consumo excesivo de alcohol se acumula en el hígado (5 a 10% de su peso), puede aparecer una enfermedad del hígado graso no alcohólico.

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Enfermedad del hígado graso no alcohólico y EHNA: todo lo que debes saber

¿Qué es la EHNA?

Definición

La EHNA (por esteatohepatitis no alcohólica, o NASH por non-alcoholic fatty liver disease, en inglés) aparece cuando una cantidad significativa de grasa se acumula en el hígado (5 a 10% del peso del órgano), sin que este exceso se deba al consumo de alcohol. También conocida como "enfermedad del hígado graso no alcohólico" o "enfermedad de la soda", es la forma derivada más grave de la EHGNA (enfermedad del hígado graso no alcohólico, esteatosis hepática o NAFLD, non-alcoholic fatty liver disease, por sus siglas en inglés).

El hígado es un órgano muy importante del cuerpo humano, ¡tiene más de 600 funciones! En particular, actúa como filtro de todas las moléculas que pasan por el organismo (medicamentos, alcohol, alimentos...) pero también se ocupa del tratamiento de las grasas: producción, transformación, transporte y almacenamiento. Así, el azúcar es transformado en grasas por el hígado para ser almacenado como reserva. Y cuando las células grasas presentes en el hígado superan el 5%, se trata de esteatosis. El hígado es entonces más grande y aparece blanco (o brillante) en la ecografía. La grasa se vuelve entonces tóxica y provoca lesiones que el cuerpo combate con la inflamación. Las células sufren y se hinchan: es el "ballooning". La EHNA se define, pues, por la presencia de esteatosis, inflamación y, por tanto, hinchazón (ballooning).

Entonces aparece un tejido cicatricial rígido en el hígado, esto es la "fibrosis". Si se extiende a la mayor parte del hígado, la EHNA evolucionará hacia la cirrosis (enfermedad hepática que conlleva la pérdida de la función del órgano y múltiples complicaciones), en insuficiencia hepática o en carcinoma hepatocelular (CHC) o lo que es lo mismo, un cáncer de hígado. A continuación, debe considerarse el trasplante de hígado si el paciente es apto (estado de salud, edad, fase de la enfermedad, otras enfermedades coexistentes, diabetes, etc.).

Síntomas de la EHNA

Los pacientes con EHGNA generalmente no presentan síntomas, lo que retrasa el diagnóstico y puede hacer que la enfermedad evolucione hacia la EHNA. Sin embargo, algunos pacientes se quejan de:

  • dolor moderado o molestias en la parte superior del abdomen derecho
  • fatiga
  • pérdida de apetito
  • hinchazón de las piernas
  • confusión y dificultad para hablar
  • coloración amarilla de los ojos o de la piel (ictericia)
  • acumulación de líquido en el abdomen (ascitis)

Causas y factores de riesgo

El estilo de vida de las sociedades occidentales modernas es el culpable de la aparición de la EHGNA: el exceso de comida basura, el trabajo sedentario y la falta de actividad física. Según expertos de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos, el 25% de los españoles tiene un hígado graso o esteatosis hepática (EHGNA). Aproximadamente un 5% han desarrollado una EHNA.

Pero ciertas patologías también desempeñan un papel decisivo en el desarrollo de la EHNA. Por lo tanto, consideramos como factores de riesgo:

  • sobrepeso
  • obesidad
  • diabetes de tipo 2 (DT2)
  • prediabetes (trastorno de la glucosa en sangre que da lugar a niveles de glucosa en sangre en ayunas entre 1,10 g/L y 1,25 g/L (la glucosa en sangre en ayunas normal es inferior a 1,10 g/L)
  • síndrome metabólico, la asociación de varios trastornos fisiológicos y bioquímicos: sobrepeso, DT2, niveles bajos de colesterol bueno, niveles altos de colesterol malo, triglicéridos altos, presión arterial alta.

Esto atañe a ocho de cada 10 pacientes obesos (79,1%) y 6 de cada 10 pacientes diabéticos (62,4%). Además de la obesidad y la diabetes, el 80% de los pacientes con EHNA padecen dislipidemia (una concentración demasiado elevada de triglicéridos y colesterol LDL (colesterol malo) en la sangre).

Por último, se han establecido otros factores de riesgo: el consumo de sodas (más de una lata al día), el tabaco (más de 10 paquetes al año) y, por supuesto, el consumo de alcohol, incluso con moderación.

Diagnóstico de la EHNA

Los análisis de sangre y las pruebas de imagen médica pueden detectar anomalías hepáticas, pero no pueden distinguir la EHNA de la simple esteatosis hepática. En la actualidad, la única forma de realizar un diagnóstico es mediante una biopsia hepática, en la que se toma una muestra del hígado para su análisis. Dados los riesgos y los costes de esta prueba invasiva, en general se privilegia a las personas con determinados factores de riesgo: edad superior a 45 años, obesidad, diabetes de tipo 2 y una relación AST/ALT superior a 1 (ambos tipos de enzimas hepáticas).

Además, los marcadores biológicos y el fibroscan (una técnica para determinar la elasticidad y la dureza del hígado mediante vibración) son dos enfoques innovadores que aún se están evaluando para confirmar el diagnóstico de EHNA.

¡Los pacientes con EHNA de Carenity esperaron una media de más de cinco años para recibir un diagnóstico! Según nuestro estudio, el 70% de los pacientes habrían adaptado su dieta y el 60% habrían practicado deporte si hubieran conocido su enfermedad antes y hubieran tenido más conocimientos sobre ella. La mayoría de los pacientes (72%) no conocía la enfermedad antes de su diagnóstico, y el 22% no estaba seguro de lo que era.

Lee el testimonio de Anna, miembro de Carenity en Italia, que ha experimentado un largo vagabundeo diagnóstico:
"La EHNA fue más bien un trueno, porque antes todos los médicos me habían hecho ver que sólo era sobrepeso y que podía revertirse con mucho esfuerzo. La EHNA es una inflamación crónica del hígado, por lo que es una enfermedad que puede tener graves consecuencias..."

Tratamientos

Opciones farmacológicas

En este momento no existe ningún tratamiento especial para la EHNA. El tratamiento de los pacientes consiste principalmente en la modificación del estilo de vida (dieta, actividad física). La medicación recetada trata los síntomas actuando sobre la obesidad, la diabetes, la hipertensión o la dislipidemia:

  • las estatinas como ATORVASTATINA para reducir el colesterol y los triglicéridos.
  • los fibratos como FENOFIBRATO para reducir los triglicéridos
  • la METFORMINA para reducir los niveles de azúcar en sangre
  • los medicamentos antihipertensivos como LOSARTAN
  • los anti-TNFα para reducir la inflamación
  • la ADIPONECTINA, que tiene una acción antilipogénica

También existen tratamientos con un objetivo más preciso:

  • el ARAMCHOL (Galmed) o el VICTOZA, que se dirigen a la esteatosis hepática (EHGNA)
  • el ELAFIBRANOR (Genfit), que es un nuevo tratamiento dirigido a la inflamación y el abombamiento hepatocelular, que espera recibir una indicación en EHNA en 2020
  • TOBIRA, GALECTIN o CONATUS que se dirigen a la fibrosis avanzada y a la cirrosis

Opciones no farmacológicas

Se recomienda encarecidamente la modificación de la dieta en los pacientes con EHNA. Para las personas con sobrepeso u obesidad, el objetivo es perder entre el 7 y el 10% del peso corporal. En general, hay que cambiar los hábitos alimenticios:

  • restricción de la ingesta de calorías
  • reducción del consumo de ácidos grasos saturados (carne, mantequilla, productos lácteos, etc.) en favor de los ácidos grasos mono y poliinsaturados (aceites vegetales, pescados grasos, semillas oleaginosas, etc.)
  • aumento de la ingesta de fibra, especialmente de fibra soluble (frutas y verduras, cereales integrales, etc.)
  • consumo muy limitado, o incluso nulo, de refrescos, alimentos muy procesados, alimentos con hidratos de carbono-lípidos y alcohol (que debe suspenderse en caso de fibrosis grave o cirrosis)

Cabe señalar que el consumo de café parece tener un impacto bastante positivo en la esteatosis hepática y no debe limitarse (no obstante, se recomienda no superar las seis tazas de café al día). Por último, no se recomiendan las dietas no personalizadas ni los productos de adelgazamiento, ya que tienen una baja relación beneficio/riesgo y se acompañan de una recuperación de peso cuando se abandona el tratamiento.

Es fundamental estar bien controlado por un especialista en nutrición, pero también se aconseja el apoyo psicológico; sobre todo si el paciente tiene trastornos alimentarios (adicción al azúcar, a la sal, bulimia, compensación de una carencia o estrés alimentario...).

Por último, la actividad física regular y adaptada es esencial y complementaria a la modificación de la dieta. Se anima a los pacientes a hacer ejercicio entre dos y cuatro horas a la semana, divididas en tres o cinco sesiones. La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos de actividad moderada o 75 minutos de actividad intensa cada semana. Por ejemplo: caminar o trabajar en el jardín para una actividad ligera; nadar, correr lentamente o hacer yoga para una actividad moderada; y jugar al tenis, montar en bicicleta o correr rápido para una actividad intensa. Los ejercicios de resistencia también son eficaces. Para combatir el sedentarismo, estos esfuerzos deben convertirse en un verdadero hábito para el paciente. Por esta razón, es importante centrarse en una actividad que le guste.

Cirugía

En los estadios más avanzados de la enfermedad, especialmente en los casos de cirrosis descompensada y/o cáncer, la única opción que queda puede ser un trasplante hepático. Por desgracia, no todos los pacientes pueden optar a un trasplante de hígado, las listas de espera son largas porque los órganos escasean y el procedimiento sigue siendo arriesgado. La Organización Nacional de Trasplantes asigna los trasplantes en función de los criterios de asignación de los órganos. Se tiene en cuenta la comptabilidad donante/receptor, la gravedad de la enfermedad (indicador MELD en el caso de la cirrosis, puntuación de alfafetoproteína para los hepatocarcinomas), el tiempo de espera (para los hepatocarcinomas) y la distancia entre los lugares de recogida y de trasplante. Además, tras el trasplante, es necesario un tratamiento inmunosupresor de por vida para prevenir el rechazo tardío. Esto reduce las defensas del organismo contra las infecciones y aumenta los riesgos cardiovasculares. Tampoco es siempre bien tolerado por el riñón. Por lo tanto, un estilo de vida saludable es esencial.

Aunque la cirugía bariátrica se considera el tratamiento más radical y eficaz para conseguir una pérdida de peso significativa y duradera en los pacientes con obesidad mórbida, su impacto directo en la EHNA aún no está demostrado.

La investigación

La búsqueda de nuevos fármacos es actualmente muy activa en el campo de la esteatosis hepática. Más aún cuando el sedentarismo de la población está aumentando el número de casos. Entre los posibles fármacos, el ácido obeticólico (OCA, agonista del receptor X farnésico), el elafibranor (doble agonista del receptor activado por el proliferador de peroxisomas PPAR alfa y PPAR delta), el cenicriviroc (antagonista de los receptores de quimiocinas C-C tipo 2 CCR2 y CCR5) y el selonsertib (inhibidor de la quinasa reguladora de la señal de apoptosis 1) están siendo sometidos a ensayos terapéuticos internacionales.

Los datos de la investigación han demostrado que el modo de acción real del OCA (INTERCEPT) no está bien establecido en la comunidad científica. Algunos estudios muestran la eficacia sobre el fenómeno de la esteatosis y la fibrosis, pero ningún efecto sobre el abombamiento y la inflamación. Sin embargo, otros estudios no muestran ningún efecto significativo sobre la fibrosis o la EHNA. Por lo tanto, un OCA como elafibranor podría entrar en la categoría de los que se dirigen a la EHNA, pero sus malos resultados en cuanto al abombamiento y la inflamación lo convierten en un caso especial que hay que vigilar de cerca.

También se está estudiando la modulación de la microbiota intestinal (los microorganismos que viven en el intestino) mediante prebióticos, probióticos, simbióticos, antibióticos e incluso el trasplante fecal.

Se está investigando el desarrollo de una técnica de diagnóstico por biomarcadores. Esta técnica cambiaría significativamente la tasa de detección esperada de la enfermedad porque se basa en el uso de un biomarcador que es un indicador de procesos biológicos normales o patológicos que se mide y evalúa objetivamente. En el caso de la EHNA, la medición se haría mediante un simple análisis de sangre.

Fuentes:

Organización Nacional de Trasplantes
World Gastroenterology Organisation
The NASH education program (en español)
Observatoire Santé
Centre Hépato-biliaire Paul Brousse
Assurance Maladie
Allo Docteurs
Guía explicativa para pacientes - The NASH education program
Association de recherche, de communication et d’action pour l’accès aux traitements - ARCAT
SOS Hépatites

Non-alcoholic fatty liver disease: an overview of prevalence, diagnosis, pathogenesis and treatment considerations. Preiss D, Sattar N. Clin Sci (Lond). 2008 Sep;115(5):141-50

Association Française de Formation Médicale Continue en Hépato-Gastro-Entérologie

Publicado el 21 jul. 2018 • Actualizado el 24 feb. 2021

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Autor: Equipo editorial de Carenity, Equipo editorial

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