Cáncer de riñón: saber más

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Cáncer de riñón

¿Qué es el cáncer de riñón?

Definición

Los riñones son los órganos del cuerpo humano que filtran la sangre y producen la orina. Eliminan los desechos y mantienen el equilibrio de agua y minerales que necesita el organismo.

El cáncer de riñón es el desarrollo de un tumor maligno en el riñón.

Un tumor es el resultado de la transformación de una célula inicialmente normal que se multiplica de forma incontrolada hasta formar una masa celular denominada tumor canceroso.

Existen dos tipos principales de cáncer de riñón, los que se originan en las células del tejido renal: los carcinomas de células renales, que representan el 90% de los cánceres de riñón y afectan principalmente a un solo riñón, y otros cánceres de riñón (tumores nefroblásticos, tumores metanéfricos, etc.) que en el 40% de los casos afectan a ambos riñones y requieren un tratamiento específico.

¿Es frecuente el cáncer de riñón?

El cáncer de riñón representa alrededor del 3% de todos los cánceres.

La SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica), estimó en 7.180 los nuevos casos de cáncer de riñón para el año 2021. Afecta a los hombres dos veces más que a las mujeres y se diagnostica con mayor frecuencia alrededor de los 65 años.

Este número de nuevos casos ha aumentado ligeramente en los últimos años, sin duda debido al envejecimiento de la población y a los diagnósticos más tempranos realizados gracias a las técnicas de imagen médica que permiten detectar cánceres que antes eran indetectables en este esstadio.

Las tasas de mortalidad están disminuyendo, sobre todo porque el tratamiento ha evolucionado considerablemente en los últimos años. En 2019, se registraron 2.143 muertes por cáncer de riñón en España, de las cuales, la mayoría eran hombres.

El pronóstico de este cáncer es generalmente bueno con una tasa de curación relativamente alta. Actualmente, la tasa de supervivencia a 5 años (número de personas vivas 5 años después del diagnóstico) es superior al 70%.

Sin embargo, el pronóstico es diferente según el grado y el estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico. Un cáncer diagnosticado a tiempo (en una fase localizada) tendrá un mejor pronóstico que uno diagnosticado en una fase más avanzada.

En más de la mitad de los casos, el cáncer de riñón se diagnostica en un estadio localizado, lo que se asocia a un buen pronóstico.

Síntomas y complicaciones del cáncer de riñón

Como ocurre con la mayoría de los cánceres, en los primeros años el cáncer de riñón es asintomático. Los síntomas suelen aparecer cuando el cáncer está en un estadío más avanzado.

Los síntomas que pueden observarse en el cáncer de riñón son:

  • La presencia de sangre en la orina (hematuria). Cuando se presenta este síntoma, la orina es roja y contiene sangre durante toda la micción y de forma recurrente;
  • Dolor de espalda, especialmente en el flanco, con la posible presencia de una masa palpable;
  • Síntomas generales e inespecíficos como un cambio en el estado general de salud manifestado por fatiga general (astenia), fiebre inexplicable y/o pérdida de peso;
  • También puede observarse hinchazón de las piernas y flebitis, así como agrandamiento de una vena testicular en hombres de edad avanzada;
  • Pueden observarse otros síntomas causados por la presencia de metástasis. La tos y la dificultad para respirar se observan a menudo con las metástasis en los pulmones, el lugar más común para las metástasis del cáncer de riñón. Sin embargo, también pueden producirse metástasis en los huesos, el hígado o el cerebro, por ejemplo.

Es un cáncer de crecimiento lento, pero tiende a migrar rápidamente por el resto del cuerpo, causando metástasis en el 20% de los cánceres de riñón en el momento del diagnóstico.

Causas y factores de riesgo del cáncer de riñón

Los principales factores de riesgo del cáncer de riñón son:

  • La insuficiencia renal crónica, principal factor de riesgo, multiplica por 7 el riesgo de desarrollar cáncer de riñón. Estos pacientes, así como los pacientes con trasplante de riñón, serán seguidos de cerca para vigilar el desarrollo del cáncer de riñón;
  • El tabaco: el consumo de tabaco aumenta significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de riñón. Sin embargo, se cree que este riesgo se reduce entre un 25% y un 30% en las personas que han dejado de fumar desde hace unos 10 o 15 años en comparación con los fumadores;
  • El sobrepeso y la obesidad, estudios recientes han demostrado que cuanto mayor es el IMC, mayor es el riesgo de desarrollar cáncer de riñón, con un aumento del IMC de 5 kg/m² que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de riñón en un 24-34%;
  • Un tratamiento por diálisis durante más de 3 años favorecerá el desarrollo de quistes renales, aumentando el riesgo de desarrollar cáncer de riñón en 30 veces en comparación con la población general.

Más raramente, una predisposición genética puede ser la causa del cáncer de riñón. Se trata de una forma hereditaria o familiar. Estas formas representan entre el 1 y el 4% de los cánceres de riñón, con una edad de aparición más temprana que la de las formas no hereditarias. Si el cáncer de riñón se da en la familia, es esencial realizar un seguimiento regular, ya que el riesgo de desarrollar un cáncer de riñón se duplica si un pariente de primer grado lo desarrolla.

Otros factores de riesgo sospechosos son la hipertensión arterial no controlada por un tratamiento y la exposición repetida al cadmio o al amianto.

Diagnóstico del cáncer de riñón

En la mayoría de los casos, el cáncer de riñón se descubre acidentalmente durante una ecografía o una exploración abdominal realizada por otro motivo. Sin embargo, es necesario realizar más investigaciones para descartar otras formas de tumores, incluidos los tumores renales benignos.

Para establecer el diagnóstico, se llevará a cabo un examen clínico, así como un escáner del abdomen, que es el estándar de oro para hacer el diagnóstico y evaluar la extensión del tumor.

Tras la extirpación quirúrgica del tumor, se realizará un estudio microscópico del mismo para confirmar el diagnóstico.

Estos exámenes determinarán la naturaleza del tumor, el estadio (extensión) y el grado (capacidad de progresión) del cáncer.

Para determinar el estadio del cáncer, se suele utilizar una clasificación: la clasificación "TNM". Se tiene en cuenta el tamaño del tumor (T), la presencia o ausencia de células cancerosas en los ganglios linfáticos (N) y la presencia o ausencia de metástasis (M).

Clasificación TNM del cáncer de riñón

T (tumor):

  • Tx: el tumor primario no puede ser evaluado
  • T0: sin tumor primario
  • T1: tumor limitado al riñón y < 7cm con:
    • T1a < 4 cm
    • T1b > 4 y < 7 cm
  • T2: tumor limitado al riñón y > 7cm
  • T3:
    • T3a invasión de la grasa perirrenal y/o de la glándula suprarrenal
    • T3b invasión de la vena renal y/o de la vena cava subdiafragmática
    • T3c invasión de la vena cava supra-diafragmática
  • T4: cruce de la fascia de Gerota

N (invasión de los ganglios linfáticos regionales):

  • Nx: no se pueden evaluar las adenopatías
  • N0: no hay metástasis en los ganglios linfáticos
  • N1: metástasis en un solo ganglio
  • N2: metástasis en múltiples ganglios

M (metástasis a distancia):

  • Mx: no se pueden evaluar las metástasis a distancia
  • M0: sin metástasis
  • M1: metástasis a distancia

A partir de esta clasificación TNM, se determinará el estadio del tumor:

  • Estadio I: T1N0M0 (T1a/T1b)
  • Estadio II: T2N0M0
  • Estadio III: T3N0M0 (T3a/T3b/T3c) o T1/T2N1M0
  • Estadio IV: T4N0M0 o cualquierT/N1-N2/M0 o cualquierT/cualquierN/M1

Tratamientos del cáncer de riñón

Como con cualquier cáncer, el tratamiento se establece para cada paciente en función de sus particularidades (naturaleza del tumor, estadio de la enfermedad, edad del paciente, etc.).

La elección del tratamiento se hará durante una reunión de consulta multidisciplinar (RCP) en la que participarán varios especialistas que determinarán el tratamiento más adecuado. Para determinar el método de tratamiento se pueden tener en cuenta criterios como el estado general del paciente (si puede o no soportar la cirugía, por ejemplo), el tipo de cáncer (localizado o metastásico) y el riesgo de progresión del tumor.

La cirugía

Cuando el cáncer está localizado o localmente avanzado, el tratamiento consiste en extirpar el tumor mediante cirugía.

Se pueden realizar dos tipos de cirugía: nefrectomía parcial (extirpación del riñón) y nefrectomía total.

La nefrectomía parcial es hoy en día la técnica de referencia. Permite extirpar sólo el tumor y mantener el resto del riñón. Esta técnica se prefiere cuando es posible para permitir que el paciente conserve la función renal. También es necesario cuando los dos riñones están afectados o en el caso de un paciente con un solo riñón.

La operación dura una media de 2 a 5 horas y se realiza con anestesia general.

La nefrectomía total, es decir, la extirpación completa del riñón, se realiza cuando la extirpación parcial no es factible o en el caso de los cánceres de riñón más avanzados. La nefrectomía total se denomina ampliada cuando se extirpa el riñón y el tejido graso circundante.

Los tratamientos ablativos

En caso de contraindicación a la cirugía o de un tumor pequeño en pacientes de edad avanzada o con comorbilidades, pueden utilizarse otros tratamientos denominados ablativos, como los tratamientos por radiofrecuencia (destrucción del tumor por calor) o por crioterapia/crioablación (destrucción del tumor por frío).

La radiofrecuencia consiste en la introducción (a través de la piel) de una sonda en el tumor. Esta técnica permitirá la muerte celular por coagulación del tumor.

La crioterapia se diferencia por la introducción de agujas por punción bajo control del escáner. Con este método de frío, la muerte celular se consigue por congelación.

Los tratamientos farmacológicos

En el caso de los cánceres metastásicos, el tratamiento se basará principalmente en terapias farmacológicas (inmunoterapias o terapias dirigidas) combinadas o no con la cirugía.

Inmunoterapia

La inmunoterapia es un enfoque terapéutico que estimula el sistema inmunitario del paciente para luchar contra la enfermedad y, en el caso del cáncer, para destruir el tumor.

Esta estrategia terapéutica no se dirige directamente al tumor, sino que actúa estimulando el sistema inmunitario.

En el tratamiento de las formas avanzadas de cáncer de riñón se utilizan varias inmunoterapias, siendo las dos principales el interferón alfa y la interleucina 2. Ambas proteínas son citoquinas producidas por los linfocitos (glóbulos blancos) y participan en las reacciones de defensa del organismo. Se administran en forma de inyecciones subcutáneas y estimulan el sistema inmunitario para destruir las células cancerosas.

Terapias dirigidas

Las terapias dirigidas actúan de forma específica bloqueando el crecimiento de las células cancerosas o bloqueando el crecimiento de los vasos sanguíneos que alimentan el tumor y le permiten obtener nutrientes y oxígeno.

Por lo tanto, este enfoque impedirá el desarrollo del tumor actuando directamente sobre su crecimiento o actuando sobre los vasos sanguíneos que suministran los elementos esenciales para su crecimiento.

En el tratamiento del cáncer de riñón se utilizan 3 tipos de terapias dirigidas:

  • Los inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF)
  • Los inhibidores de la tirosina quinasa
  • Los inhibidores de la enzima mTOR

Los inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) bloquean el crecimiento de los vasos sanguíneos (= angiogénesis) que alimentan el tumor. Sin nutrientes y oxígeno, el tumor no podrá crecer.

Los inhibidores de la tirosina quinasa también bloquean la angiogénesis (crecimiento de los vasos sanguíneos) al inhibir los receptores de varios factores de crecimiento de los vasos sanguíneos.

Los inhibidores de la enzima mTOR (mammalian target of rapamycin) bloquean esta enzima implicada en la regulación del crecimiento celular, la proliferación celular, etc. En los procesos cancerígenos, mTOR se altera y favorece la multiplicación de las células cancerígenas. Así, el bloqueo de esta enzima impedirá la proliferación incontrolada de las células cancerosas.

Otros tratamientos

Dado que las células del cáncer de riñón suelen ser resistentes a la quimioterapia convencional, no se utiliza en el tratamiento del cáncer de riñón. La radioterapia también se utiliza raramente.

Se pueden proporcionar cuidados de apoyo para hacer frente a las consecuencias de la enfermedad y su tratamiento, como tratamientos para el dolor, la ansiedad, los trastornos del sueño, etc.

Efectos adversos de los tratamientos

Efectos indeseables relacionados con la cirugía

En el caso de la extirpación parcial o total del riñón, las posibles complicaciones serán las que se observan en cualquier cirugía, es decir, hematomas, así como un riesgo de accidente tromboembólico e infección.

En caso de trombosis, se administrarán anticoagulantes y se utilizarán antibióticos en caso de infección.

La nefrectomía parcial también puede complicarse con una hemorragia o una fístula urinaria, es decir, una fuga de orina alrededor del riñón operado. Para remediarlo, se introducirá un catéter para conectar el riñón y la vejiga.

Después de una nefrectomía total o, en raras ocasiones, después de una nefrectomía parcial, puede producirse una insuficiencia renal de leve a moderada si el riñón no recupera su función normal. En este caso, el médico informará de las precauciones que se deben tomar para evitar que esta insuficiencia renal progrese.

La fatiga también puede producirse después de la cirugía, por ejemplo, debido a la anestesia, la ansiedad o la pérdida de sangre. Si esta fatiga persiste, es importante informar a su médico.

Por último, el dolor puede estar presente tras la cirugía y persistir durante unas semanas o unos meses. En este caso se pueden proponer analgésicos. Sin embargo, es importante informar a su médico en caso de dolor persistente.

Efectos indeseables relacionados con los tratamientos farmacológicos

En el caso de los tratamientos farmacológicos utilizados en el cáncer de riñón, los efectos secundarios comunes pueden aparecer con mayor o menor frecuencia. Cada fármaco conlleva un riesgo de efectos secundarios, pero la frecuencia de éstos depende del fármaco, la dosis y la persona, siendo algunas personas más propensas a desarrollar efectos secundarios que otras.

Hay que tener en cuenta que los efectos secundarios de un tratamiento no están relacionados con su eficacia. Tener más o menos efectos secundarios no indica que el tratamiento sea más o menos eficaz.

Las terapias dirigidas y las inmunoterapias provocan con frecuencia trastornos digestivos como diarrea, náuseas y vómitos. En este caso se puede prescribir un tratamiento. También puede aparecer la fatiga.

También pueden aparecer trastornos cutáneos, como enrojecimiento, sequedad, manchas, picores y el síndrome mano-pie (enrojecimiento, hinchazón, sequedad y ampollas en las palmas de las manos y las plantas de los pies). Para limitar estos trastornos, es importante hidratar regularmente la piel con agentes humectantes, limitar la exposición de las manos y los pies al calor y limitar las actividades que impliquen fricción de la piel.

La hipertensión arterial se observa con frecuencia con los fármacos antiangiogénicos (ver terapias dirigidas). Esto requerirá un control estricto en cada visita. También es importante comprobar la presencia de proteínas en la orina (proteinuria), que suele estar asociada a la hipertensión arterial. Se puede considerar un cambio de tratamiento si la proteinuria aumenta de forma significativa.

La terapia dirigida y la inmunoterapia suelen provocar efectos en la sangre y la médula ósea, como una disminución del número de glóbulos blancos (leucopenia), que puede provocar un alto riesgo de infección, una disminución del número de glóbulos rojos, que puede provocar anemia, y una disminución del número de plaquetas (trombocitopenia), que puede provocar un mayor riesgo de hematomas y hemorragias.

Los análisis de sangre regulares se utilizan para comprobar los niveles de glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas. Sin embargo, es importante consultar a su médico si se presentan fiebre u otros síntomas molestos (dolor de garganta, escalofríos, diarrea, vómitos intensos, etc.).

Algunos medicamentos también pueden provocar llagas en la boca (úlceras bucales, enrojecimiento, dolor). En este caso, es importante mantener una buena higiene bucal y dental cepillando los dientes con regularidad y utilizando un enjuague bucal.

También puede ser necesario evitar los alimentos que pueden provocar úlceras en la boca (frutos secos, queso gruyere, piña). También hay que evitar el tabaco y el alcohol.

Por último, pueden producirse otros efectos secundarios más o menos específicos del tratamiento, como dificultad para respirar, dolores de cabeza, mareos, hemorragias nasales, dolores musculares y articulares y una reacción alérgica al tratamiento.

Seguimiento médico

Después de la intervención quirúrgica y durante y después del tratamiento farmacológico en el caso del cáncer avanzado, debe realizarse un seguimiento médico. Esto permitirá gestionar los posibles efectos indeseables relacionados con la cirugía o el tratamiento farmacológico, confirmar la remisión mediante exámenes biológicos o radiológicos o detectar una posible reaparición de la enfermedad.

Este seguimiento también permitirá controlar el estado de salud del paciente, establecer tratamientos de apoyo si es necesario, facilitar la reinserción social y profesional y garantizar la calidad de vida del paciente.

Se llevará a cabo durante una consulta con el médico de cabecera y/o por un equipo especializado. Será muy regular durante los tres primeros años, ya que el riesgo de recidiva es más elevado durante este periodo (el 80% de las recidivas se observan durante los tres primeros años), aunque este riesgo es del orden del 1 al 2% tras la cirugía de escisión. Las consultas serán entonces más espaciadas en el tiempo.

El seguimiento se adaptará al paciente, al estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico y al tratamiento recibido.

Se basará principalmente en exámenes clínicos, biológicos (análisis de sangre para controlar la función renal) y radiológicos (TAC o RMN del abdomen), así como en pruebas adicionales si son necesarias.

En conclusión, el cáncer de riñón representa alrededor del 3% de todos los cánceres y afecta a más doble de hombres que de mujeres. La incidencia ha aumentado en los últimos años, pero las tasas de mortalidad están disminuyendo y la tasa de curación es relativamente alta. El tratamiento consiste principalmente en la cirugía para los cánceres localizados, combinada con tratamientos farmacológicos para los cánceres metastásicos. El seguimiento médico se realiza durante varios años mediante consultas de seguimiento asociadas a diversos exámenes (clínicos, biológicos y radiológicos).

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Autor: Manon Astruc, Estudiante de farmacia, Redactora de salud

Manon es estudiante de 5º año de farmacia en la facultad de Châtenay-Malabry. En Carenity, se encarga de redactar las fichas de enfermedad. Está... >> Saber más

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