Tratamientos del Cáncer de seno

La elección del plan de tratamiento se hace en función de la edad de la paciente, el tamaño y la localización del tumor, el aspecto y la agresividad de las células cancerosas y, finalmente, la presencia de receptores hormonales en las células.
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El tratamiento del cáncer de mama no metastásico se basa generalmente en la cirugía y la radioterapia.

La cirugía 

El acto quirúrgico sigue siendo el tratamiento de referencia. Actualmente, es posible quitar ampliamente el tumor sin proceder a la extirpación total, operación conocida como mastectomía.  Aunque esta intervención es ahora menos mutiladora que en el pasado, puesto que se pueden conservar los músculos pectorales y existe la posibilidad de realizar una reconstrucción mamaria. La mastectomía se practica cuando el tumor se ha extendido a varias zonas de la mama o a diferentes capas de tejido.
Igualmente, en el momento de la operación, el cirujano hará analizar los ganglios linfáticos más cercanos, para asegurarse de que no contengan células cancerosas. En caso positivo, se extirparían todos los ganglios circundantes para evitar la metástasis.
Esta técnica se denomina “técnica del ganglio centinela” y se utiliza cuando el tumor es pequeño. Sustituye a la técnica de la linfadenectomía, que en determinados casos puede complicarse causando un linfedema. En un linfedema, a causa de la extirpación de los ganglios, empeora el drenaje linfático, y los brazos se hinchan debido a la deficiente evacuación del líquido linfático.

La radioterapia 

Al igual que la cirugía, se trata de un tratamiento local, que consiste en dirigir un haz de radiación sobre el tumor para destruirlo. El objetivo de la radioterapia es destruir las células que hayan podido quedar después de la intervención. Este tratamiento se asocia de forma sistemática a la cirugía conservadora.
Normalmente, se desarrolla durante un período de 5 a 7 semanas, con una sesión diaria durante 4 o 5 días, seguido de 2 o 3 días de descanso. Las sesiones de radiación tienen una duración de algunos minutos.
También se puede practicar la braquiterapia, que se lleva a cabo en un hospital de día. Esta técnica consiste en incidir directamente sobre el tumor usando un material radiactivo en forma de cables. Las dosis irradiadas son más concentradas que en el caso de la radioterapia clásica.
 

La quimioterapia

Cuando estos procesos han sido insuficientes, se recurre a la quimioterapia. El objetivo de este tratamiento es destruir las células cancerosas que hayan sobrevivido a la cirugía y a la radioterapia, debido a su gran tamaño. La quimioterapia suele estar asociada con factores de peor pronóstico y de agresividad del tumor.
 
Con este tratamiento se pretende también destruir las posibles células cancerosas diseminadas por el organismo y que algún día podrían fijarse en un determinado órgano (como por ejemplo, el hígado, los huesos o los pulmones) y desarrollar una metástasis. Se trata, por lo tanto, de un tratamiento curativo y preventivo que complementa los efectos de la cirugía y de la radioterapia, técnicas  ambas que actúan a nivel local (es decir, a nivel de la mama). Se propone de forma sistemática en el caso de tumores de evolución rápida.

 

La hormonoterapia

La hormonoterapia es un tratamiento farmacológico. Sólo se aplica cuando la velocidad de proliferación de las células cancerosas es más lenta. Únicamente funciona con los cánceres denominados hormonodependientes, es decir, cuando las células cancerosas tienen receptores de hormonas sexuales. Normalmente se utiliza tamoxifeno antes de la menopausia, o inhibidores de la aromatasa (anastrozol, letrozol, exemestano) después de la menopausia, en una toma diaria. El tratamiento suele prolongarse durante 5 años.

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